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El Paro Agrario y la Paz más acá de La Habana

por Santiago Sánchez

Sirva este Paro Agrario para medir las condiciones reales para la construcción de la paz incluyente e inclusiva, léase, con el conjunto de la sociedad civil desarmada. Frente a la expectativa que generan los diálogos con las FARC, la venidera mesa de negociación con el ELN, y la coyuntura electoral, el cuestionamiento de fondo es acerca de la voluntad del resto de la sociedad por practicar la paz. Ahora, cuando se revela la hipocresía entre las prácticas y los discursos, queda de manifiesto la incapacidad del Estado y los actores armados para construir una sociedad en paz. Conseguirlo depende del compromiso de cada uno de nosotros.

La movilización social no es solamente una forma de participación política, si no la muestra de la inexistencia, ineficacia, inutilidad, o precariedad de las vías institucionales de participación política, constitucionalmente consagradas, precariamente legisladas, prácticamente precarias, y funcionalmente extraviadas.

La radicalización de la movilización, la confrontación directa entre ciudadanos y fuerzas del Estado y la inclinación hacia las vías de hecho, responden a una serie de causas operativas y socio-culturales: 1) un sector contestatario que propende por la lucha radical como mecanismo de presión en la negociación política, incluso con participación de proyectos político-militares asentados en las regiones; 2) infiltración estratégica de fuerzas policiales con el fin de justificar frente a la opinión pública la represión de la movilización; 3) acciones coactivas por parte de la fuerza pública como mecanismo de intimidación para restar masa crítica de apoyo civil; 4) negativa de la institucionalidad pública a reconocer la dimensión y el alcance de la protesta social; 5) incapacidad y/o falta de voluntad de los entes gubernamentales para cumplir los compromisos previos asumidos con los diferentes actores por separado; 6) degradación sistémica de las organizaciones cuya naturaleza es la actuar como mediadores y articuladores entre los reclamos sociales y el Estado: partidos políticos y sindicatos subsumidos a lógicas clientilistas, burocráticas, o corruptas; 7) efímero empoderamiento de las instancias de participación ciudadana reglamentadas; y 8) ausencia de un proyecto o una alternativa conciliada, debatida ampliamente, consensuada por parte de la Sociedad Civil, que se vea en entredicho por la radicalización de la movilización.

Y en este último punto vale la pena detenerse: el reclamo social se presenta como negación de las prácticas institucionales y gremiales, pero carece de una contrapropuesta viable. Existen varias, pero adolecen de inmediatismo y dispersión. En consecuencia, la radicalización de la movilización realmente no representa un detrimento para alcanzar unas metas inexistentes. Al no ser una propuesta conciliada por los actores sociales analizada en sus componentes técnicos y operativos, ni presentarse como una alternativa real, sólo queda el patetismo de la rabia, el desahogo de la frustración.

La lógica del conflicto armado construye el imaginario social de las instancias de resolución de los reclamos sociales: reprimir la protesta social por un lado, y negociar con actores abanderados de la lucha armada como única salida frente a la exclusión de la participación política por el otro, resulta una práctica aberrante (por decir lo menos) que reconstruye el escenario originario del conflicto armado en Colombia, vaticinando uno de los posibles desenlaces de este drama.  
Crear condiciones para la Paz y la resolución asertiva de los conflictos dista mucho de acordar, refrendar, decretar, legislar, u ordenar. Escapa también a las posibilidades materiales de cualquier actor por separado y nos convoca a todos, de lleno y al unísono, a enfrentar el reto de construir alternativa. Ahora es cuando la sociedad debe enfrentarse con la pregunta siempre aplazada de cuál es mi responsabilidad con construcción de una sociedad que resuelve sus problemas de manera pacífica, y lavarse del facilismo de exculpar las responsabilidades personales inculpando a un actor armado (institucional o al margen de la ley).


El compromiso de la solidaridad con los campesinos en particular, y con la justicia social en general, implica denostar toda forma de acción violenta en la cotidianeidad, transitar a las formas de manifestación noviolenta, y tomar las banderas de la resistencia civil frente a la exclusión de la participación política. Por su parte el gobierno, más aún, el Estado, ha de replantear sus tácticas represivas y asumir su responsabilidad en la consolidación de espacios de diálogo y concertación entre y con el grueso de la Sociedad Civil desarmada, y frente a la promesa incumplida de la prosperidad, ha de volcarse en la política de Paz para todos. 

VALENCIA, Feliciano. Perspectivas sobre Participación Política en Colombia



Entrevista por Santiago Sánchez para la Redprodepaz en el marco del foro de Participación Política (UNAL-PNUD) frente a los diálogos de la Habana entre las FARC-EP y el gobierno Nacional.

CÓRDOBA, Piedad. Perspectivas sobre Participación Política en Colombia



Entrevista por Santiago Sánchez para la Redprodepaz en el marco del foro de Participación Política (UNAL-PNUD) frente a los diálogos de la Habana entre las FARC-EP y el gobierno Nacional.

CELIS, Luís Eduardo. Perspectivas sobre Participación Política en Colombia



Entrevista por Santiago Sánchez para la Redprodepaz en el marco del foro de Participación Política (UNAL-PNUD) frente a los diálogos de la Habana entre las FARC-EP y el gobierno Nacional.

ROLL, David. Perspectivas sobre Participación Política en Colombia



Entrevista por Santiago Sánchez para la Redprodepaz en el marco del foro de Participación Política (UNAL-PNUD) frente a los diálogos de la Habana entre las FARC-EP y el gobierno Nacional.


Nicaragua y Colombia. Más allá de la Haya y la oportunidad de pasar a los anales de la historia

Por SANTIAGO SÁNCHEZ JIMÉNEZ
ssanchezj@unal.edu.co


Dos gobiernos enfrascados en la posesión, derroche de fondos públicos en litigios internacionales, desgaste diplomático, y dos pueblos enfrentados en lo patético de la exacerbación nacionalista. Se nos va otra oportunidad de hacer historia, de tomar las riendas de nuestros destinos políticos, de tomar parte activa y positiva en la globalización, y de construir humanidad. La propuesta: establecer el primer tratado en la historia de aguas binacionales. Tan fácil y complicado a la vez.

Latinoamérica queda reducida a la mitificación febril de adolescentes en concierto de calle 13. La Corte Internacional de Justicia, en su sapiencia universal, asume la potestad de repartir el orbe, a la mejor usanza de las bulas Alejandrinas, demostrando quién ejerce ahora la hegemonía en el Estado total, global, e imperial. El gobierno de Nicaragua se enfrenta a la ineludible contradicción de abanderarse de un proyecto latinoamericano a expensas de la adjudicación de territorios mediante el expansionismo jurídico-diplomático, y de profesar la autonomía de los pueblos haciendo uso del aparato burocrático del poder global. El gobierno de Colombia recibe su correlativa pérdida de popularidad y, presto a pasar la papa caliente, deja ponchados a los antecesores mandatarios, ahora ausentes, carentes de poder resolutivo; se prepara una estrategia ambigua que pendula entre la súplica y la guerra. El gobierno de Santos queda expuesto a la difícil paradoja de legitimar la desobediencia civil en Colombia de no acatar el fallo de la Corte. ¿O no?

Los menos escuchados, los realmente afectados, la población aledaña nativa, queda al margen de todos: son los menos y lo de menos. Rápidamente hay que prestar atención y posicionarse en las islas, Plan San Andrés, emergencia social, conferencia diplomática, y otras puestas en escena, aunque finalmente serán los raizales quienes determinen en función del populismo o de su operatividad. De momento, brazadas de ahogado en el juego mediático. Que no se diga, como del Panamá decimonónico, que el Estado no hace caso de sus territorios provinciales. Pero haciendo un ejercicio de historia contrafactual, convendría preguntarles a los hermanos panameños qué imaginan que hubiese sido de su devenir socio-político sí aún fuese parte de Colombia. Mucho me temo que nadie está dispuesto a hacer el ejercicio.  

La discusión sobre acatar o no el fallo de la CIJ, y el retiro del Pacto de Bogotá, forman parte de la pataleta pueril de un gobierno en busca de reelección. Es como el niño que lleva todo el recreo jugando a las escondidas con los amigos, pero cuando le toca contar, entonces ya no quiere jugar más y se tira el juego. Al hacer presencia en los organismos internacionales, al enviar a un cuerpo diplomático en un litigio de más de una década, y -no sobra decirlo- dedicar una gran cantidad de dineros públicos al asunto, se legitima mediante el uso la capacidad del tribunal de mediar en el asunto. Desde el argumento más cándido, aquel que dice que acatar el fallo de la CIJ  va en contra de la Constitución Política de Colombia (como si en estos 21 años hubiesen sido pocos o leves los Actos Legislativos, o como si hubiese regido en efecto un modelo constitucional), hasta las demostraciones de alineación internacional en materia de armamento y belicosidad (o por qué Colombia se abstuvo en la votación para reconocer Palestina como Estado no Miembro), el problema radica en la pérdida de soberanía: le patiaron la lonchera.

Soberanía que, a día de hoy, en Colombia, no ha sido otra cosa que hacer presencia militar, en un país donde el derecho a la coacción lo ejerce todo aquel que sea capaz de afilar un pedazo de latón. Y siendo que más vale maña que fuerza, establecer el primer tratado de aguas binacionales en la historia de la humanidad tiene potentes consecuencias positivas:
   1. Escapar de los tentáculos de la gobernabilidad global -el aparato jurídico imperial-, sin necesidad de evadirse de los postulados positivos del ordenamiento global (solución pacífica de conflictos, mediación diplomática, tratado de buenos oficios, primacía regional, etcétera).

   2. Maximizar el beneficio conjunto de los actores en disputa, aún a riesgo de disminuir el potencial beneficio egoísta de cualquiera de ellos, demostrando una actitud histórica de solidaridad y fraternidad entre naciones. Como secuela de esto, se daría pie a una larga y estrecha relación de cooperación entre Nicaragua y Colombia, más por implicaciones de gobernabilidad que de alineación ideológica.

   3. Sentar antecedente en materia de territorios binacionales, estableciendo un marco de cooperación multinacional y soberanía compartida.

   4. Incrementar la capacidad de negociación en bloque frente a Repsolianas compañías y agentes corporativos transnacionales, que ávidamente se dan a la tarea de legitimar la apropiación nacional del territorio mediante la extracción intensiva de recursos.

  5. Al establecer un control binacional sobre los márgenes gananciales resultantes de estas explotaciones, contribuye a la democratización de los recursos, divididos equitativamente.

  6. Incluso en términos electorales, ya sea en beneficio de Partido o de la figura carismática de los presidentes en ejercicio, es incuestionable la favorabilidad que resultaría de un acuerdo de estas dimensiones. La relevancia de este punto en el grueso de la población nicaragüense y colombiana es subjetiva.

  7. Y lo más importante de todo, resarcir a la población directamente afectada por el litigio, detentores primarios de la potestad sobre el territorio, sobre las pretensiones estatales y supranacionales. En este sentido se debe procurar la primacía de la consulta y aprobación previa a los raizales, tratados de libre circulación por los territorios nacionales (al igual que se tiene con Brasil en Tabatinga y Leticia), y concesión de la doble ciudadanía. Para empezar.    

No se puede negar el sustrato ideológico que subyace a la disputa, proclive en abierto a un determinado posicionamiento en el orden internacional. Pero un marco de integración regional debe entenderse precisamente con el contrario, ese es el verdadero reto político, pues hacer equipo con el que piensa igual no tiene mérito. Un acuerdo desde el posicionamiento enfrentado tiene la peculiaridad de hacerse duradero, al contrario de los tratos entre afines, supeditados a la permanencia del otro. Particularmente, colombianos y nicaragüenses tenemos más lazos de fraternidad emocional que conocimiento sobre las realidades del otro. A su vez, el grueso de la población de los dos países no llegará a vislumbrar si quiera los ingentes beneficios derivados del usufructo de este espacio territorial, seamos claros.  

Pero el efecto simbólico de compartir un espacio territorial tiene mucha más relevancia que todo discurso nacionalista, que a fin de cuentas se basa en la egolatría mitificada de una figura de dominación, discurso que es útil solamente a las élites nacionales y locales que ostentan el poder. Como hermanos peliando por el juguete nuevo, eso es de los dos. Dos pueblos, que no gobiernos, haciendo historia. Larga vida a Nicaragua.

COLCUÉ, Rafael. Entrevista sobre la situación de coyuntura y la perspectiva de la ACIN

Carta de la ACIN a las FARC-EP. Respuesta de las FARC-EP a la ACIN

Carta de la  ACIN
Lunes, 16 de Julio de 2012 11:51 

Los pueblos indígenas no le hemos declarado la guerra ni a la guerrilla ni al Estado. Por eso nuestra Minga se hace cuidando siempre a la comunidad, y cuidándonos siempre de no darle ventaja militar a ninguno de los actores armados como ordena el Derecho Internacional Humanitario. No vamos a agredir a nadie, pero utilizaremos la fuerza de nuestra comunidad reunida, de nuestra palabra y de nuestros derechos para recuperar nuestros territorios.  
 
Miranda, julio 15 de 2012
 
Señor
Timoleón Jiménez
Comandante de las FARC
 
Reciba un saludo de la Asociación de Cabildos Indígenas de Cxhab Wala Kiwe (norte del Cauca) ACIN. Le escribimos desde nuestra resistencia a la guerra, y desde nuestra voluntad indeclinable por la paz. 
 
La semana antepasada los indígenas del Cauca reanudamos las acciones de liberación y armonización de nuestros territorios, cumpliendo el mandato de la Junta Directiva del CRIC del 20 de julio de 2011, donde adoptamos la “Minga de resistencia por la autonomía y armonía territorial y por el cese de la guerra”. Las acciones de liberación y armonización iniciales consisten en el desmonte de las bases permanentes de todos los actores armados, el desmonte de las trincheras y cambuches de la fuerza pública y de la insurgencia, y la movilización masiva de comuneros y comuneras a los sitios de concentración de las guerrillas para impedir que hostiguen a la población de los municipios (sean ataques, retenes o actividades amenazantes). 
 
Los pueblos indígenas no le hemos declarado la guerra ni a la guerrilla ni al Estado. Por eso nuestra Minga se hace cuidando siempre a la comunidad, y cuidándonos siempre de no darle ventaja militar a ninguno de los actores armados como ordena el Derecho Internacional Humanitario. No vamos a agredir a nadie, pero utilizaremos la fuerza de nuestra comunidad reunida, de nuestra palabra y de nuestros derechos para recuperar nuestros territorios.  
 
Como hemos dicho siempre, y formalmente a ustedes desde la Declaración de Vitoncó, en 1985: No aceptamos sus fuerzas guerrilleras en nuestros territorios. No las queremos y no las necesitamos. 
 
No queremos la presencia guerrillera -ni de ningún ejército-- porque estos territorios son nuestros desde tiempos inmemoriales. Si hoy están dentro de la República de Colombia es porque desde la conquista española nos las han venido robando.  
 
No necesitamos su presencia porque la guerrilla no nos trae tranquilidad; ustedes atacan a la población civil; ustedes irrespetan nuestra autoridad y nuestra justicia. No ayudan a la autonomía: todo lo que tenemos en gobierno propio lo hemos hecho nosotros y nosotras. Los pueblos indigenas hemos dado pruebas de poder construir nuestros propios sistemas económico, educativo, judicial y de salud. La guerrilla no nos protegen de los atropellos de la fuerza pública; cuando llega el Ejército los guerrilleros se van y se cuidan entre ellos. Tampoco impiden que lleguen las transnacionales; para conseguir los recursos que sostengan su ejército, hacen acuerdos con ellas. 
 
Salgan de los territorios indígenas del Cauca. Aléjense de los sitios poblados y de vivienda. No ataquen más a la población civil. No realicen más ataques que con toda seguridad van a afectar a la población civil aunque pretendan atacar solo a la fuerza pública. No usen armas de efecto indiscriminado, como los llamados tatucos o las minas antipersonales. No se atrincheren en las casas. Díganle a los milicianos que no guarden armas ni explosivos en las viviendas de las familias.
 
Esperamos que las FARC cumplan voluntariamente con estas exigencias de las comunidades. De cualquier modo las Autoridades, la Guardia Indígena y las comunidades vamos a seguir liberando nuestros territorios de los actores armados, que desarmonizan a la Madre Tierra y nuestra vida. 

Hace 4 meses le escribimos para que nos hicieran claridad sobre la política militar de las FARC contra el CRIC, la ACIN y los Cabildos. Seguimos esperando su respuesta. También le propusimos en esa carta que avancemos en un diálogo humanitario sobre 4 puntos: No reclutar menores; no utilizar la violencia sexual contra las mujeres como arma política; no utilizar armas de efecto indiscriminado (tales como los tatucos y las minas antipersonales); y respetar la autonomía plena de los gobiernos y organizaciones indígenas. Estamos a la expectativa de que podamos dar ese debate que necesitamos los indígenas del Cauca y el país entero. 
Comandante Jiménez: 
Hay que terminar la guerra. Todos y todas la estamos perdiendo. Fue bueno que ustedes liberaran a los soldados y policías que tenían retenidos y que anunciaran el fin del secuestro económico, porque fueron hechos de paz. Pero hay que ser más audaces y más decididos. Cumplan las exigencias humanitarias que le estamos haciendo; es un camino básico hacia la paz. Decidan terminar la guerra y empezar ya una negociación política para terminar el conflicto; es imprescindible para construir la paz. Entiendan que Colombia es más, mucho más, que la guerrilla y el ejército, y que la paz debe ser una construcción de todos y todas las colombianas.
Cuenten con nosotros para la paz. Nunca para la guerra. 



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Respuesta de las FARC-EP a la ACIN

Compañeros:
ASOCIACIÓN DE CABILDOS INDÍGENAS CXHABWA LA KIWE (DEL NORTE DEL CAUCA)

Montañas del departamento del Cauca.

Apreciados compatriotas: He tenido conocimiento de la comunicación recientemente dirigida por Ustedes, la cual cuidé de leer con sumo respeto y atención. Con la misma claridad y franqueza con que su Asociación expresa su pensamiento y propósitos, procedo a responder sus inquietudes en mi condición de Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP, organización que como ustedes conocen, nació en 1964 a la vida política colombiana como expresión de la resistencia popular a la guerra de agresión contra el pueblo, y se acerca a cumplir cincuenta años de lucha indeclinable por la paz.

Que ustedes expresen con tanto fervor su anhelo por la paz, confirma nuestra convicción de que las grandes mayorías colombianas claman en las cuatro esquinas del país por ese preciado bien. La guerra civil colombiana no ha sido una decisión del pueblo de este país, sino una imposición de sus clases pudientes dominantes. Es natural que el pueblo que la sufre la rechace con ahínco. Nosotros somos los primeros. Por eso la combatimos en todas las formas posibles.

Es un hecho reconocido por numerosos estudiosos de la realidad colombiana, que la guerra en nuestro país responde a un modelo de acumulación de capital. El despojo de la propiedad rural y su concentración en cada vez más pocas manos, ha coincidido de manera asombrosa con las sucesivas agresiones contra las zonas agrarias por parte de las fuerzas oficiales y paraoficiales. Pretextos para ellas nunca han faltado. Las FARC no estamos integradas por soldados pagos ni conscriptos, sino por gente sencilla del pueblo de Colombia que se ha levantado a la resistencia. Campesinos, indígenas, negros y mestizos que decidimos enfrentar con las armas la agresión.

Es absolutamente cierto que el despojo contra los indígenas americanos lleva más de cinco siglos. Razón de más para luchar por su justa reivindicación. Compartimos completamente todas las aspiraciones de las comunidades indígenas y de hecho las estamos apoyando al riesgo de nuestra propia vida. Pero la fuerza de los hechos históricos impone también que los indígenas no son las únicas comunidades violentadas y perseguidas en Colombia.

A veces parece desprenderse de sus sinceras alegaciones, que las comunidades indígenas sólo miran por ellas mismas, desconociendo la suerte de los demás desposeídos y perseguidos de Colombia, que suman por lo menos treinta millones de compatriotas. El grave conflicto colombiano no puede ser solucionado sólo para las comunidades indígenas, simplemente porque ustedes hacen parte de Colombia, habitan en territorios codiciados por los mismos terratenientes e inversionistas que despojan a colonos, mineros, trabajadores y demás sectores explotados.

Con todo el respeto y la consideración que merecen, me permito expresarles que no es aislándose del resto de colombianos que claman fervientemente por la paz y la justicia social, como van a lograr conquistar sus viejos anhelos. El Ejército colombiano no sólo ocupa resguardos indígenas, sino que cumple su labor predadora por todo el territorio nacional. Su misión es prestar seguridad a inversionistas, empresarios y terratenientes nacionales o del extranjero, al precio de aplastar cualquier oposición al modelo de saqueo y empobrecimiento que defienden.

Nosotros no sólo creemos que el Ejército debe salir de las comunidades indígenas, sino de todo el campo colombiano. Su misión natural es guarnecer las fronteras en defensa de la soberanía nacional, pero las clases dominantes lo han convertido en una máquina al servicio de poderosos intereses extranjeros, dirigida directamente por generales norteamericanos.

El reconocimiento de la autonomía y la autoridad de las comunidades indígenas no nos hacen ciegos ante la suma de intereses que llegan a ellas. Si los conquistadores españoles se valieron de la Iglesia, los halagos personales y hasta de la corrupción de muchos caciques como mecanismos de avanzada para su presencia expoliadora, sabemos que igual sucede hoy con diversas organizaciones de rostro humanitario, benefactor o clientelista. Fenómenos así minan la credibilidad de muchos liderazgos en la propia base indígena y descomponen su organización.

Sentimos sincero respeto por su oposición al empleo de la violencia como mecanismo de lucha. En una humanidad civilizada, ajena a los intereses de clase, seguramente que tal pretensión será generalizada. Por eso luchamos. Pero no es menos cierto que las realidades de Colombia, gobernada secularmente por una casta violenta y agresora, terminaron por producir la respuesta digna de los de abajo. Y esa también es una forma respetable de lucha, que no puede ser condenada por principio sin borrar de un plumazo la historia y rozar los límites de la utopía.

Como se infiere de su aspiración de poder desarrollar un proyecto de vida, sin que cambien las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales que dominan el resto del país. El problema de ustedes no puede ser examinado a la simple luz de la no presencia del Ejército o la guerrilla en los resguardos, porque como dice Santos, el Ejército jamás va a abandonar sus bases. Porque su presencia encarna un modelo de dominación nacional, continental, de aspiraciones mundiales. Lo que hay que derrotar es ese modelo, y para ello hay que comenzar por el cambio del régimen.

Esa es nuestra lucha y la de millones de colombianos que estamos seguros los apoyan en este momento, los cuales verían fortalecidas sus aspiraciones si ustedes también apoyaran sus reivindicaciones. El asunto en la hora es unir fuerzas, no separarlas.
Las guerras son cruentas, más las que enfrentan a los pueblos con regímenes terroristas al servicio de potencias imperiales. Toda la maquinaria militar, económica, ideológica y política es puesta en juego por estos últimos en aras de su victoria. Ella incluye la propaganda negra, los infundios y provocaciones más groseras. Nosotros más que nadie somos víctimas de todo eso junto.

Si a nuestra gente llegan muchachos indígenas sanos, desesperados por la miseria en que crecieron, ansiosos por luchar para mejorar la suerte de su pueblo, no los rechazamos. No podemos, así es la lucha. Igual sucede con campesinos, mineros, obreros, estudiantes y toda la juventud colombiana que decide unirse a la lucha. Las normas del Derecho Humanitario que ustedes citan prohíben ubicar bases y cuarteles de guerra en medio de la población. Nosotros jamás lo hacemos, ustedes saben que la tropa sí, y de manera permanente y dolosa.

Ustedes exigen que no empleemos nuestras armas con riesgo para la población civil. Nosotros somos población civil a la que la violencia estatal y paramilitar obligó a alzarse. Jamás podríamos tener en la mente la idea de afectar gente inocente. En eso compartimos por completo su reclamo con plena disposición a evitar que ocurra. ¿Pero qué hacer con las fuerzas terroristas de ocupación? Consideramos válidos y legítimos los heroicos esfuerzos que ustedes cumplen hoy.

Si en Colombia cesan las operaciones militares, los bombardeos y ametrallamientos, los desplazamientos forzados, el despojo de la tierra, los crímenes contra el pueblo y la impunidad, con toda seguridad que no tendrá sentido la existencia de las guerrillas. Si el Ejército, la Policía y los paramilitares salen del Cauca, si termina su guerra contra indígenas, campesinos, mineros y pueblo en general, nosotros no tendremos problemas para salir también.

En toda Colombia crece un ruidoso clamor por la paz. Por una salida política a la confrontación. Esa ha sido entre todas la más vieja de nuestras banderas. Es el régimen el que jamás se ha aprestado a poner fin a su predilección por la violencia. Es a él al que hay que obligar a abrir un diálogo. Ustedes, que hoy más que nunca sufren el estilo característico de responder en Colombia a las aspiraciones de paz, son bienvenidos sin duda al trabajo por ella. Con su presencia combativa estaremos mucho más cerca de ella.

Reciban todo mi afectuoso abrazo, que es el de todas las FARC-EP, el de todo el pueblo colombiano que los admira, aplaude y respalda.
Timoleón Jiménez,
Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, 20 de Julio de 2012.

 
 

Indígenas del Cauca: desmitificando la violencia legítima

Por SANTIAGO SÁNCHEZ JIMÉNEZ
ssanchezj@unal.edu.co


No es la primera vez que los indígenas del Cauca expulsan a los actores del conflicto de sus territorios. Es sólo la primera vez que se pone en evidencia la contradicción intrínseca del aparato del Estado al procurar la seguridad nacional a punta de bala y, en consecuencia, la fragilidad de un orden social establecido sobre la base de la coacción. Procurar la seguridad ciudadana mediante el establecimiento de objetivos de guerra al interior de la población no resulta un golpe de astucia. 

El debate en los medios masivos se ha propuesto desde la dicotomía entre el ejército y los indígenas, pero en esencia es un contrapunto entre la violencia legítima del Estado y la Resistencia civil no-violenta y el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

La resistencia civil pacífica en el Cauca contra todos los actores del conflicto es de vieja data. Los indígenas del Cauca ganaron el premio nacional de paz el año 2000 “por ser ejemplo de resistencia civil”. Se enfrentan contra los narcotraficantes desde el 2001, cuando comenzaron a expulsar los laboratorios de coca de sus territorios, y les dieron ultimátum en el 2009 mediante Resolución 002 del Cabildo de Jambaló. A la guerrilla se le ha decomisado e incinerado material de guerra; en 2008 la Guardia Indígena rescató a siete secuestrados de las milicias antes de llegar a la densidad de la montaña, y con las guerrillas los indígenas también han dejado sus muertos. Como respuesta a la negativa de los actores por acudir a las sucesivas e infructuosas convocatorias de los indígenas para establecer el diálogo y sacar el conflicto armado de los resguardos, el movimiento y los mayores han advertido desde hace años que todos los actores serán expulsados. La propuesta del movimiento indígena frente a las infructuosas guerras de la paz, ha sido la resistencia pacífica durante más de una década, aunque el golpe mediático sólo venga dado por lágrimas de cocodrilo.

Expulsar a las fuerzas de seguridad del Estado cuestiona el poder del Estado colombiano, en efecto, pero en su dimensión real se suma a todos los esfuerzos que en un orden global ponen en entredicho el papel de las fuerzas de seguridad de los Estados nacionales como escudo de las élites trasnacionales del poder. En este sentido, el movimiento es mucho más que una propuesta de carácter nacional, es un prototipo de emancipación civil frente al orden imperial en la globalización.

El principio sustantivo del Estado moderno que propende por “el monopolio de la violencia legítima” es bien conocido y archidefendido por las entidades institucionales. Tal postulado, junto con la organización burocrática y el control territorial tienen su origen en las ideas del filósofo alemán Max Weber, al establecer una tipología ideal que permitiese caracterizar al Estado moderno de otros tipos de Estados, como el Estado feudal o el clásico. Dice Weber

“Tendremos que decir que Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio (el territorio es un elemento distintivo), reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima. Lo distintivo de nuestro tiempo es que a todas las demás asociaciones e individuos sólo se les concede el derecho a la violencia física en la medida en que el Estado lo permite. El Estado es la única fuente del derecho a la violencia.”  (WEBER, 1969)

Sin embargo, ignoran los medios y olvidan los detentores del Poder que tal monopolio ha de estar supeditado a la legitimación, es decir, que el usufructo de la fuerza tiene como único fin el de asegurar la seguridad de los ciudadanos, no el de garantizar intereses particulares, ni el de asegurar el posicionamiento de una élite política, ni el de consolidar perímetros de control militar para mostrar resultados gubernamentales. Una presencia que arriesga a la población es ilegítima per se, además de ilógica.

El Movimiento indígena del Cauca y las organizaciones indígenas locales (Consejo Regional Indígena del Cauca –CRIC-, Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca –ACIN-) frente a la incapacidad de gestión del Estado nacional y la incapacidad operativa de sus entes descentralizados, se han ocupado de los aspectos antaño relativos al aparato de Estado: la defensa y soberanía sobre su territorio bajo el monopolio de la violencia, y el  ejercicio técnico-racional de la dominación política de carácter burocrático. Frente a la exclusión sistemática en la construcción del ideario de la nación, surge la reivindicación de la diferencia respecto a la cultura homogeneizante nacional como base de legitimación de la autonomía política.

¿Qué es lo que legitima la violencia legítima? Si la soberanía reside en el pueblo, ¿acaso no deviene de éste la legitimidad en un Estado que se adjetiva democrático? El Cauca Indígena nos conduce a esta reflexión acerca del fracaso del Estado colombiano para monopolizar el uso de la coacción física. Pero al tiempo nos intima a una cavilación mucho más profunda acerca de la derrota del Estado-nación como ente garante de la seguridad ciudadana mediante el monopolio, control, y ejercicio de la violencia.

Y yendo más allá plantea y ejecuta una solución: el actuar conjunto de la multitud. El modelo organizativo de la Guardia Indígena operativiza el discurso romántico del “otro mundo es posible”. De cara a todo tipo de violencia, venga de donde venga, resistencia civil no violenta.  

WEBER, Max. El Político y el Científico. Madrid, España: Alianza, 1969.

Resistencia al mestizaje como consecuencia de la resistencia a la dominación. El Cauca indígena.




ABSTRACT


La sistemática resistencia al mestizaje desde la conquista hasta hoy, es lo que permite al movimiento contemporáneo del Cauca indígena legitimar sus reclamos socio-políticos en el discurso de la alteridad desde el reconocimiento. Empero, esta resistencia al mestizaje no se da por sí misma, sino como consecuencia de la resistencia a la dominación, presentando dos mecanismos simultáneos en cada momento histórico: por un lado, una permanencia en el ámbito ideológico-cultural, respecto a los principios políticos de autonomía y autogobierno ligada a la lucha por el territorio; por otra parte, una adaptabilidad estratégica de los mecanismos y tácticas de resistencia según la coyuntura, considerando los cambios en cuanto al actor beligerante y el tipo de dominación.

Mediante el análisis de los mitos de resistencia, este artículo describe el proceso histórico de articulación de los dispositivos fácticos de resistencia como condición variable, y los mecanismos de legitimación simbólica como condición estática, en la configuración de la cultura política del movimiento indígena del Cauca colombiano. De esta manera, da cuenta del tránsito desde la resistencia al mestizaje biológico a la actual resistencia al mestizaje cultural.


páginas 91- 100. texto .pdf.

Wikileaks, Colombia, y el recalentao de la Guerra Fría I


Corren ríos de tinta en estos días sobre las filtraciones de documentos de Wikileaks demostrando la fragilidad de un sistema político global basado en la diplomacia secreta, y develando la correlación entre los grupos de interés gremial, los gobiernos y la actuación militar a gran escala. El caso de Colombia es tan sólo una pincelada de ese gran cuadro que representa la nueva alineación global, que en nada refiere a países, si no a élites en el ejercicio del poder. El enconado debate entre detractores y panegiristas del empoderamiento ciudadano de la información remite a un debate mucho más profundo sobre los límites de las facultades de los gobernantes: por un lado quienes confieren plenos poderes y garantías al soberano; por otro, quienes supeditan todo ejercicio del poder al control y voluntad de los ciudadanos.

Ni los más avezados futuristas de mediados del siglo XX pudieron aventurar la suerte que correría la diplomacia internacional de posguerra: el advenimiento de internet, las redes sociales, y la consecuente liberalización de la información, está estableciendo un patrón de ciudadano capaz de “presentarse” en tiempo real en las más disímiles situaciones de la política internacional, estableciendo vínculos entre colectivos que empiezan a sentirse semejantes con sus pares más remotos, consolidando un nuevo tipo de alineación alternativa de la ciudadanía en lo que se ha llamado la sociedad de la información o del conocimiento. Y nunca antes el aparato de coerción estatal tuvo que enfrentarse a este tipo de respuesta ciudadana instantánea.

En este orden de cosas, podemos identificar dos tipos de construcción discursiva respecto al manejo público-privado (o secreto) de la información en general, y de la información política en particular: 1) aquellos que argumentan que las nuevas tecnologías de la información han de estar supeditadas a un control estatal, incluso supraestatal, argumentando razones de soberanía, legitimidad y seguridad nacional, lo que el sociólogo venezolano Miguel Ángel Contreras identifica como la consolidación de un Nomos Imperial que propende por la legalización y sacralización de la guerra; y 2) aquellos que defienden el uso de las nuevas tecnologías de la información por parte de la ciudadanía como herramienta de contrapeso al poder económico-político de los sectores gremiales, lo que el filósofo francés Bernard Stiegler ha llamado rimbombantemente una Ecología Industrial del Espíritu,  que identifica las nuevas tecnologías como una herramienta del pensamiento crítico que impulsa una nueva base civilizadora.

Podemos aterrizar este debate en clave de Cultura Política Colombiana: identificar la relación entre las élites en el ejercicio del Poder y los grupos de interés de carácter gremial para comprender la construcción del discurso de legitimación de la coacción y el uso de la fuerza, terciadas por los medios de comunicación de gran escala para analizar el trasfondo de la alineación internacional a la que se apegan en la construcción de ese Nomos Imperial del cual ha participado con ahínco el doble gobierno de Uribe, y continúa participando el gobierno Santos. Es así como el desvertebrado aparato institucional decide ponerse manos a la obra, rapiñar del discurso post 11-S, arrimarse al buen árbol de los Estados Unidos, y sacar este recalentado de la Guerra Fría para construir el imaginario de un enemigo externo que legitime el uso de la fuerza en la guerra planetaria del Bien contra el Mal, a su vez identificable con el imaginario de un enemigo interno que legitime el uso de la fuerza en la guerra nacional entre la gente de Bien y los hijos del Mal.

Así es que vuelve el recalcitrante discurso dicotómico de derecha vs izquierda, y las teorías de la conspiración internacional contra la Democracia y el Progreso. Según la usanza en boga, y para hacerlo más digerible, el recalentao se presenta bajo la forma violencia legítima vs terrorismo, es decir, Estado vs cualquier-cosa-contraria-al-Estado. Analicemos los ingredientes del plato:

Dice RCN, que si el Partido Comunista Colombiano (PCC) tiene una estrecha relación con el Partido Comunista Cubano, y que si el agua moja pero la toalla seca. Evidentemente mi querido Watson, porque el ideario comunista es internacionalista per se, y puede añadir aún más: que el PCC tiene una estrecha relación con todos los Partidos Comunistas del mundo, aún sus diferencias pragmáticas. Y que si el PCC es clandestino y brazo político de las Farc y el Eln, siendo que es el propio sistema político colombiano, debido al umbral electoral, el que excluye al PCC de la participación política, viéndose en la necesidad de actuar mediante alianza con el Partido constituido para integrar las fuerzas de izquierda, el Polo Democrático Alternativo; y en todo caso son las Farc la disidencia del PCC, cuyo origen político en la década de los 60 es una desavenencia del Partido por considerar que la vía institucional no garantizaba el acceso a los mecanismos del Poder, y que la única vía, era la vía armada. Postulado que Farc mantiene hasta el día de hoy.

También se ha dicho que el encargado de la oficina de pasaportes del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mauricio Acero, denunció intenciones de ciudadanos sirios, jordanos, palestinos y venezolanos de obtener fraudulentamente la ciudadanía colombiana, así como la utilización de esta para realizar labores de inteligencia para el gobierno cubano. . Y claro, es que siendo el pasaporte colombiano uno de los más aborrecidos en las aduanas y fronteras del planeta (listado de países que exigen visado a colombianos), optar por la nacionalidad colombiana es toda una estrategia de camuflaje.

Dice también RCN que el Ministro de Defensa Nestor Jobim reconoce implícitamente la presencia de las Farc en Venezuela, pero que no lo hace públicamente para no frustrar la capacidad de mediación de Brasil en el asunto, y que reconoce la capacidad de Colombia de actuar como elemento de inestabilidad regional, por demás, conclusión generalizada en la cumbre de Rio tras los ataques al campamento de las Farc en Ecuador.

Finalmente, el ingrediente principal del recalentao, Venezuela refrita: la analogía entre el plan expansionista del proyecto bolivariano en la región (coadyuvado por los gobiernos de Ecuador y de Bolivia), y el proyecto del nazismo en Europa; las misiones de espionaje del gobierno de Venezuela y Cuba contra diplomáticos de Estados Unidos en Caracas; la venta de 100 misiles por parte de Rusia; y finalmente la relación del gobierno Chávez con las milicias de las Farc. Un huevo frito encima y Neoguerra Fría lista para servir.

Así es que una cosa es la filtración de documentos secretos del gobierno de Estados Unidos, y otra la interpretación y seguimiento que se hace de estos. Existen dos sectores opuestos que hacen uso de esta información: los medios de comunicación a gran escala de los sectores gremiales, con intereses corporativos, financieros y económicos, con gran representación burocrática en el gobierno, incluyendo curul presidencial; y por otra parte, los sectores divergentes que actúan como control ciudadano de las relaciones de poder en la consolidación de una democracia real, pluralista y participativa sobre el ejercicio de la política. El primero estaría encaminado a alinearse bajo la forma del Nomos Imperial con el hegemón que tantos favores ha prestado. El segundo, estaría alineándose con el sector contestatario global que entiende que el Estado y sus fuerzas armadas han sido utilizados por grupos de interés para fines privados mediante el ejercicio de la fuerza a gran escala, sin contar siquiera con el beneplácito de los ciudadanos a quienes dice representar.

Demonios y Testimonios I. Pasaporte Colombiano


Testimonio de L.H.Z.


Hoy me di cuenta de lo que significa tener pasaporte de Colombia en Europa...

Lo intenté de varias maneras, primero con la oportunidad de una entrevista con la empresa Schlumberger en Madrid, en este caso me dijeron que no, debido a que la posición a la que aplicaba era la de "software support", vale, una respuesta digamos, convincente, creo que mi perfil tampoco se ajustaba justo a ese trabajo.

La segunda vez, fue con Baker Hughes, para la posición de Field Engineer: primero una entrevista vía Skype, luego me invitaron a una sesión de "pruebas" tres días en Hanover: fue una experiencia algo dura, en el sentido que me di cuenta de lo competitivo que puede llegar a ser este tipo de pruebas, pero también de lo que se cuece dentro de las grandes petroleras, en ese sentido una experiencia... Aunque recuerdo bien que el primer día, en uno de los descansos, un hombre de recursos humanos me preguntó acerca de mi nacionalidad, sobre mi pasaporte y los tipos de permisos que tenía en Europa... Al final aquí tampoco hubo suerte, aunque como os dije a muchos, tampoco me atraía especialmente este trabajo.

La tercera fue en Ginebra, hace unas semanas, con CGG Veritas, para la posición de Land Geophysicist... Este trabajo sí que me gustó, era hacer interpretación sísmica en campañas en tierra... Tal vez el empleo que me hubiera encantado. Aquí uno de los que me hizo la entrevista, que era de Serbia aunque con pasaporte Suizo, me preguntó nuevamente por mi nacionalidad, y me dijo "con un pasaporte colombiano no puedes llegar muy lejos..." , le comenté que mi nacionalidad española estaba en trámite y que pensaba que antes de 6 meses la tendría (mentira piadosa obviamente), a lo que el hombre en cuestión me dijo que aunque me seleccionaran, si el departamento operativo decía que no a vistas de mis papeles, poco se podría hacer.

Ayer recibí el email, donde me decía que no: es de estos emails tan impersonales que seguramente es una plantilla que ya tienen escrita y lo único que hacen es cambiar el nombre. Así que decidí llamar directamente a Ginebra a ver si conseguía aclarar un poco más la razón de la negativa, aunque la intuía claramente. El Señor Radovan, de manera muy escueta, me dijo que aunque la entrevista había sido exitosa y el curriculum estaba bien, la razón de la negativa había sido mi pasaporte colombiano. Era una cuestión práctica: es un trabajo para viajar bastante y desde luego es una filigrana el tema de sacarme un visado para cada país, así que me dijo que seguramente cuando tuviera un pasaporte español, se me abrirían muchas puertas, pero que ahora no podía ser "I´m sorry"

Y la cuarta, y ya la gota que colmó la copa, era para hacer un doctorado de almacenamiento y transporte de CO2 en la Universidad de Edimburgo. Hace una semana me hicieron una entrevista telefónica, al cabo de la cual me dijeron que se seleccionarían dos o tres personas para hacer una entrevista en la universidad con el equipo de trabajo y el director de tesis. Pues bien, ayer me escribieron un email donde me invitaban a Edimburgo para el 9 de noviembre próximo. El pequeño detalle que Escocia hace parte de Reino Unido y el Reino Unido me pide un visado para entrar.

Aun a sabiendas de lo que son estos trámites (con la embajada británica he tenido varios acercamientos que se resumen en un visado de turismo concedido en 2006 y dos visados negados), he llamado esta mañana a un teléfono de información de la embajada británica, en el que un minuto vale 2 euros. Les conté "mi caso" a lo que me dijeron que para el día 9 de noviembre era imposible tramitar un visado, que tendría que realizar el trámite de una solicitud normal: es decir, llenar un cuestionario de casi 100 preguntas online, luego pedir una cita en la embajada de Madrid, (las citas las están dando para después de noviembre), pagar 90 euros, hacer la solicitud del visado, y esperar de dos a tres semanas a que me digan la resolución.

Escribí a la Universidad de Edimburgo contándoles la historia. El Señor Stuart me respondió que el había asumido que yo por tener residencia en España, eso mismo era valido como permiso de trabajo para toda Europa, incluido el Reino Unido obviamente (lo cual no es así, pues mi permiso me da "derecho" de trabajar y residir en España, y libre circulación por los países de la Unión Europea que hayan firmado el tratado Shengen, un rollo largo de explicar). Total, que visto lo visto, según una ley que desconozco, En el Reino Unido para hacer estudios universitarios, te catalogan entre estudiantes europeos o estudiantes internacionales... A mí, por no tener nacionalidad europea, me catalogan como estudiante internacional, y resulta que para realizar los estudios de doctorado, la universidad en el caso de estudiantes internacionales tiene que pagar "unas tasas muy altas" que se salen del presupuesto para esta plaza en concreto... Así que una vez "I´m sorry"

Y así acaba esta historia.

Sentí ganas de escribir esto. La mezcla de sentimientos que tengo ahora no la puedo describir, por supuesto la impotencia y rabia a nivel máximo me sobra ahora mismo. Ya me cansé, me cansé de Europa y sus excluyentes leyes de inmigración, me cansé que por encima de ser L. H. Z., Geóloga de la Universidad de Salamanca, Máster en Geofísica en la Universitat de Barcelona, por encima de esto y tantas otras cosas que me caracterizan, esté mi marca oficial NACIONALIDAD COLOMBIANA, eso es lo único que cuenta... Nada más, así es el mundo... Así es este sistema. Por un momento me hacen sentir como si fuera una delincuente... Vale que Colombia es un país con una larga trayectoria de problemas de violencia, narcotráfico y etc etc etc, pero es así: por uno pagan todos... Pagamos todos. Hay más historias relacionadas que aun podría contar de estos 8 años viviendo por estos lares.

Ahora estoy esperando a que la policía venga a casa a hacer unas cuantas preguntas a ver si soy digna de ser ciudadana española, me han dicho que el tramite tardará otro año más. Así que en el momento que tenga esta visita tan anhelada, pensaré en hacer maletitas y regresar a mi país, porque ahora mismo aparte de España, es el único país del mundo en el que puedo pensar en conseguir un trabajo de lo que realmente quiero. Es una pena que en España esté la situación laboral tan complicada. Aquí también lo he intentado: enviar CV a muchas empresas que ni contestan para decirte que no. El tema de doctorado en España, o tienes un expediente estupendo, o te enchufa alguien, o poco haces. Así que nada… O si, podría buscar trabajos de camarera, azafata-chica-guapa de eventos, dependienta, etc, pero va a ser que me cansé...

Siento el rollo que he soltado. Si os habéis aburrido, pero quería expresar un poquito de lo que siento.

Cuando tenga fechas de billetes a Bogotá os iré avisando.

Besos



Marcha Patriótica: lecciones de unión popular



Nuevamente la sociedad civil vence a la institución política, como debe ser. La Marcha Patriótica ha cumplido sus objetivos y ha dejado una importante lección para la sociedad: cuando las voces de los excluidos se unen mediante canales legales y legítimos de participación política, no hay criminalización que los espante, ni prohibición que los disuada. En un Estado donde los representantes no representan, los partidos son herméticos, erráticos y oportunistas, la justicia no acaece, y los medios masivos propenden a intereses oligopólicos, la movilización masiva se presenta como única alternativa de participación popular legítima, tras descartar de cuajo la vía armada.

La Marcha Patriótica nos plantea el interrogante sobre nuestra verdadera independencia como Estado, nuestra verdadera libertad como pueblo, y nuestro carácter plurinacional. Convoca diversos sectores marginados en la construcción de la nación por razones étnicas o económicas, que cuestionan la legitimidad del proyecto de nación centralista, urbano, blanco, masculino, católico y burgués. Es una movilización exitosa que operativiza y visibiliza el cambio que se está dando en el orden simbólico de la cultura política en Colombia, antecedente necesario para el cambio socio-político que nos permita avanzar en la consolidación de un país incluyente.

  Bien es cierto que la marcha ha tenido sus bemoles como toda movilización masiva los tiene. Pero nada próximo al amarillismo de los medios oficialistas y a la criminalización de la institución. Se acusa la participación de Farc-ep en ésta, cuando todos los sectores que participaron han rechazado de forma tácita, en sus declaraciones y sus actos, la vía armada. Se debe recordar que el movimiento indígena ha organizado mingas exitosas para rescatar a sus muchachos reclutados y para sacar los laboratorios de coca de sus territorios.

Se ha acusado a la marcha de vandalismo, por ocupar la sede de la Universidad Nacional de Bogotá. Pero si las negociaciones que se llevaron a cabo tres meses antes con el Distrito y con las Directivas  son infructuosas, el desenlace no podía ser mejor. Para la realización de las diferentes mesas de trabajo (cabildo abierto) y el hospedaje de 15.000 personas durante tres días, donde pudiesen confluir indígenas, campesinos, afros y estudiantes, el escenario de la Nacional resultaba idóneo. Sin embargo, no es la primera vez que las directivas de la nacional dejan ver su alineación con el aparato burocrático. Separar al estudiantado de los procesos y movimientos sociales es cercenar los caminos de una participación imprescindible de la academia en el cambio social. De haber mostrado un poco de voluntad, la universidad hubiera podido acoger este proceso en orden y brindar los espacios para el debate, continuar con sus actividades académicas, y lo más importante, participar en la construcción de un ideario de nación incluyente y participativa.

Cristales rotos y candados forzados es el espeluznante saldo de una movilización pacífica y constructiva entre sectores heterogéneos que unen esfuerzos por el entendimiento político. Gente que venía desde los rincones más aparatados y olvidados del país con el único fin de cometer estos terribles actos de destrucción impía para ganar protagonismo. Considerando los resultados de las mesas de trabajo y las conclusiones finales de la movilización, expresado en un documento sin desperdicio que intitula “Proclama por los 518 años de resistencia y 200 años de lucha. De la Independencia a la emancipación.”, y el éxito que supone congregar a sindicalistas, feministas, estudiantes, campesinos, afrocolombianos e indígenas, a construir procesos de cambio desde el consenso, yo pongo para la vaca de los vidrios rotos.

Formas y reformas en el gobierno de Unidad Nacional.



Ahora que se ha configurado el aparato institucional del estado central para el próximo cuatrienio, es necesario enfrentar los temas que se vislumbran en el panorama político, pues la maquinaria está lista para la aprobación masiva de proyectos, leyes y reformas, al amparo de una supuesta Unidad Nacional. Una unidad que recuerda algún Frente en el que los partidos cerraron filas para hermetizar el acceso a los canales institucionales de poder, eliminando toda opción para los movimientos sociales, las minorías y los partidos contestatarios. De momento se han establecido los lineamientos políticos del ejecutivo a través de la lógica del neocorporativismo, los lineamientos ideológicos mediante una reinterpretación a la criolla del dogmatismo Giddensiano de la tercera vía, y los lineamientos pragmáticos del proyecto santista, continuación de fantasmas dormidos del proyecto uribista de la seguridad democrática.


Lo que se hace manifiesto en este orden de cosas, es la configuración de una pugna de fuerzas entre la institucionalidad y la sociedad civil. El panorama se apresta oscuro para los sectores que se mueven en la política no institucional y para las regiones, pues la batuta institucional estará girando en torno al proyecto centralista. . Por lo tanto, el debate debe partir del supuesto de que cada reforma tiene sus formas, y siendo el legislativo de mayorías oficialistas, el consenso y la discusión con la sociedad civil se hacen innecesarios. Y esas no son formas.



El primero de los proyectos de reforma (que por otra parte apremia) es la Reforma al sistema de salud. Consabido el fracaso del modelo desarrollado en la Ley 100, auspiciado por el mismo Uribe en ejercicio de sus función en el legislativo, tenemos dos opciones: por un lado adoptar el modelo de regulación que impele el servicio de salud hacia el sector privado, como lo planteara el ministro Palacios con los decretos de emergencia social. Por otra parte, una reforma que mediante la discusión con los especialistas del sector, con criterio de las finanzas públicas, y supeditado al principio de salud universal de calidad, consolide un estado que vele y cuide de sus ciudadanos.


En efecto es necesario controlar la evasión de las participaciones de los autónomos como la viveza de otros que, siendo pudientes  asalariados y rentistas, se colaron en el régimen subsidiado en detrimento de los pobres "de verdad". Entre otras cosas esto fue lo que reventó al Fosyga, y no el hecho de que los jueces fallaran las tutelas a favor de los pacientes, que además, un estado social que funciona a fuerza de tutela es una vergüenza. Canalizar la atención médica hacia las posibilidades adquisitivas de los pacientes como lo determinaba el decreto 128, es poco menos que un sofisticado mecanismo de limpieza social, al tiempo que un gran aliciente para los bancos, que se quedaron con las ganas de mostrarnos cuánto cuesta un riñón. O como lo proponía el decreto 131, que limitaba tanto los servicios del POS, igualando el régimen subsidiado con el contributivo a la baja, como la capacidad de los médicos de dar diagnósticos de acuerdo con el saber médico, estableciendo un sistema punible para los médicos que ejerzan su oficio por fuera de lo que el Estado permite.

La reforma a la salud del ministro Palacios, parte de la lógica del Estado rentable que pregona la disminución del déficit público vía incremento de impuestos y disminución del gasto público. La reforma al sistema de salud no puede darse vía Estado de emergencia social ni mucho menos. Ha de ser una reforma integral a la Ley 100 que pase por el debate entre los técnicos, tanto de las finanzas como de la medicina, que incluya como agente primario a quienes ejercen el oficio de la medicina, y sobre todo, que esté pensado para dar cobertura universal de calidad, siendo la mejora en las condiciones de la salud un prerrequisito del desarrollo social.

Este debate nos conduce al de la Reforma tributaria: Santos ha dicho que no presentará un programa de reforma tributaria porque efectivamente esto cuesta muchos votos en tiempos de campaña electoral. Pero mucho me temo que es inevitable una reforma de este tipo en un país que grava el pan con impuestos al valor agregado, mientras los grandes rentistas tienen reducción de impuestos bajo supuestos inevitables como la generación de empleo y la dinamización de los mercados. ¿de qué otra manera habría de consolidarse una élite rentista? Paguen o no impuestos estos postulados se cumplirán, y por lo demás la carga de soportar el aparato del Estado no recaerá sobre los ciudadanos de rentas medias. Si es necesario incrementar los recursos del Estado, esto debe hacerse siguiendo el principio de eficiencia, equidad y progresividad, gravando el consumo oneroso, y canalizando el sistema impositivo hacia los sectores de rentas altas. Pero además, por el amor de dios, salvando los cuatro billones de pesos que se dejan al año en concepto de corrupción.


Se viene otra vez el asunto de la Reforma Política, asunto quisquilloso que nos persigue desde 2003, y que se ha ido colando de a poquitos vía Acto Legislativo (incluida reelección presidencial). No sólo está el debate de las cosas que se deben incluir en la Reforma Política, sino en la manera en que debe hacerse. Para el sector oficialista la cuestión está dada por inspiración divina, que ni siquiera está respaldado por un concepto técnico o académico, asumiendo el Estado unitario-central como postulado básico para el progreso, que pasa por la consolidación de partidos igualmente fuertes y unitarios, por lo que excluye todos los sectores que se muevan por fuera de los canales institucionales del Estado.


La cuestión es bien diferente: una reforma de este tipo debe partir del constituyente primario, es decir el pueblo, y no de un cuerpo colegiado que se dice representativo cuando es en realidad bastante ilegal y bastante ilegítimo, además de poco representativo. En efecto se pueden plantear los temas que debe incluir como la relación de la política, la economía "sumergida" y el conflicto armado, como el auspicio de grupos armados ilegales y dineros del narcotráfico, la responsabilidad de los partidos políticos en estos actos , la inhabilidad por estos actos de familiares, y la confiscación de bienes así obtenidos. Se pueden plantear los temas estructurales de la institucionalidad política como la doble militancia, la reelección de gobernadores y alcaldes, y el voto público en el congreso.


Pero todos estos temas deben ser supeditados al debate con la sociedad civil, como constituyente primario y agente determinante del tipo de sociedad que se quiere ser y responsable moral de los principios que se quiere defender, y con la academia, como técnicos del ejercicio de la política. Una reforma de este tipo debe conseguirse mediante el consenso en las metas que se quiere alcanzar como país y como sociedad, y los medios legítimos para conseguirlos. Según sea el alcance la reforma que se persigue, se verá si los mecanismos pasan por referendo, consulta o asamblea constituyente.


También se viene otra vez la Reforma Jurídica, en principio la misma que se le enredó al ministro Cossio en los vericuetos del referendo reeleccionista. De los tres estamentos del poder público la justicia es el menos ilegítimo en la actual configuración de poderes. La propuesta de Cossio se basaba en la reorganización de las altas Cortes y la forma de juzgar a los congresistas. Pero una reforma del aparato jurídico debe partir de la garantía de justicia para el grueso de población, que de acceso a la justicia a los que no tienen capacidad adquisitiva, es decir, que democratice la justicia. Este es el problema fundamental de la justicia en Colombia. La cuestión de las altas Cortes y el juzgamiento a congresistas pasa por un enfrentamiento entre el ejecutivo y el judicial, que sólo perjudica el ejercico de la democracia al establecer un supuesto orden de legitimación en lo que se quiso bautizar como un “estado de opinión”.


De las ramas del poder público, la justicia es también la que menos ha padecido el escándalo de la infiltración de los grupos ilegales armados y del financiamiento del narcotráfico. Esto no quiere decir que no lo haya habido ni que no se deba investigar y controlar. Tampoco quiere decir que estos grupos no tengan influencia sobre el aparato de justicia, sino que el mecanismo de cooptación del aparato jurídico fue diferente: no fue necesario poner jueces y notarios, sino testigos, pruebas, y escriturar de manera conjunta con ellos. Ante esto, la reforma jurídica también pasa por el saneamiento en el ejercicio de la justicia, y debe incluir a los mecanismos de control y defensa del ciudadano, a la Procuraduría, la Contraloría, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía y las Altas Cortes no sólo como objeto de la Reforma sino como sujeto en el debate y actores en el consenso. También debe incluir a la academia como técnicos del proceso jurídico y partir en todo caso del principio de democratización de la justicia.


Finalmente la gran reforma pendiente es la Reforma Agraria. El nuevo gobierno se apresura de nuevo a firmar el TLC con Estados Unidos y con la Unión Europea bajo la base de la desregulación de los mercados. Los sectores contestatarios y los pequeños y medianos productores cierran filas en contra del gobierno. Pero el tema de los tratados de libre comercio es una cuestión que poco depende de los gobiernos nacionales, sino del orden de las organizaciones supranacionales que operativizan el proceso de globalización. Por lo tanto poco importa si fue Uribe o si es Santos quien consigue firmarlo, como en los 90 poco importaba si hubiera sido Pastrana o si fue Gaviria quien desarrollase la política de apertura de mercados, ya que son procesos globales a los cuales no se puede evitar asistir.


Lo que si es discutible es la manera de participar en ellos, y el debate requiere encarar dos puntos fundamentales: 1. Que como prerrequisito de la firma del cualquier TLC, ha de darse la reforma agraria a nivel interno, y 2. Que una negociación en condiciones de igualdad sólo puede darse enfrentándose en bloque con economías asimétricas, por lo que debe ser tratado como un tema en la Comunidad Andina de Naciones, en el Mercosur y en el Caricom, y nunca como negociaciones de países dependientes con potencias industriales.


El asunto de la tierra es de los más quisquillosos al tratar el asunto del conflicto armado y su influencia. Ahora el asunto es establecer los vínculos entre los grupos empresariales y los grupos armados ilegales y el cambio geográfico en cuanto a la distribución y productividad de la tierra. Por lo tanto el tema de la reforma agraria incluye tanto la propiedad como el uso de la tierra, y debe darse partiendo de los factores históricos y culturales, considerando que no es sólo un tema de productividad, sino que está consagrado como derecho cultural al territorio. Compete a todos los grupos minoritarios y vísctimas del desplazamiento y debe estar pensada en la igualdad y la restitución para estos colectivos, incluir a indígenas, afrodescendientes, y campesinos, siendo estos los principales actores con los que se debe consensuar.


Esta perspectiva reformista habrá que analizarla al detalle respecto a su evolución durante los próximos cuatro años. Un gobierno que se llame de Unidad Nacional no sólo ha de repartir cuotas burocráticas con los demás partidos políticos. En aras de ser coherente, debe llamar al debate y a la participación a los sectores contestatarios, a los actores no institucionales y plantear las reformas estructurales desde abajo, consolidando políticas públicas que estén en coherencia con los proyectos de las comunidades. Un supuesto gobierno de unidad nacional debe partir del principio de redistribución del poder como fundamento del desarrollo social, la autodeterminación de los pueblos y la interculturalidad. Lamentablemente presiento que no es el pretendido de Santos.